—¿Sabes si fue muy lejos?
—Nada me dijo.
No hubo más solución que soterrar el genio; pagar con infelices la furia que guardamos para los ruines, nunca fue cosa de hombres.
—¿Sabías lo que pasaba?
—Sí.
—¿Y tan callado lo tenías?
—¿A quién lo había de decir?
—No, a nadie...
En realidad, verdad era que a nadie había tenido a quien decírselo; hay cosas que no a todos interesan, cosas que son para llevarlas a cuestas uno solo, como una cruz de martirio, y callárselas a los demás. A la gente no se le puede decir todo lo que nos pasa, porque en la mayoría de los casos no nos sabrían ni entender.
La Rosa se vino conmigo.
—No quiero estar aquí ni un solo día más; estoy cansada."
La familia de Pascual Duarte.
No hubo más solución que soterrar el genio; pagar con infelices la furia que guardamos para los ruines, nunca fue cosa de hombres.
—¿Sabías lo que pasaba?
—Sí.
—¿Y tan callado lo tenías?
—¿A quién lo había de decir?
—No, a nadie...
En realidad, verdad era que a nadie había tenido a quien decírselo; hay cosas que no a todos interesan, cosas que son para llevarlas a cuestas uno solo, como una cruz de martirio, y callárselas a los demás. A la gente no se le puede decir todo lo que nos pasa, porque en la mayoría de los casos no nos sabrían ni entender.
La Rosa se vino conmigo.
—No quiero estar aquí ni un solo día más; estoy cansada."